Cada tótem corre un software diseñado a medida para la marca, conectado al inventario y al catálogo del cliente.
El visitante se acerca, interactúa, y la experiencia responde: muestra productos, sugiere combinaciones, captura preferencias, conecta con un asesor humano si la situación lo amerita. Nada de esto reemplaza la venta tradicional — la potencia.